LA LUZ DE BALLABRIGA.

LA LUZ DE  BALLABRIGA.
Antonio; Conde Yndiano de Ballabriga

sábado, 23 de febrero de 2019

La locura de Fernando VI











Antonio Pozo Indiano
Los años finales del reinado de Felipe V estuvieron marcados gravemente por sus problemas psicológicos, probablemente sufría un trastorno bipolar, y la Corte se convirtió en un lugar extraño, donde las reuniones con los ministros se celebraban a altas horas de la madrugada y el Rey se creía a veces una rana. La cuestión es que Felipe V ya había abdicado una vez, en la figura de su hijo Luis I, pero después de un reinado de apenas seis meses, la Corona le había vuelto como si fuera un bumerán afilado. El 15 de enero de 1746, sin embargo, al morir de forma sorprendente después de tragarse la lengua, el cetro pasó al fin a su siguiente hijo, Fernando VI, quien paradójicamente iba a vivir un proceso de derrumbe igual de pronunciado.



Felipe V



Nacido el 23 de septiembre de 1713, el futuro Fernando VI era el cuarto hijo de Felipe V con María Luisa de Saboya, teniendo por delante en la sucesión al reino a LuisFelipe Pedro y otro hermano que fallecido al poco de nacer. El joven infante creció sin madre, fallecida a los cinco meses de su nacimiento, y con la desconfianza de la segunda esposa de Felipe V, Isabel de Farnesio. De hecho, el Rey apenas se preocupó por los hijos de su segundo matrimonio, absorbido como estaba por la autoritaria Isabel.


Fernando, el Príncipe de Asturias invisible

La educación de Fernando vivió algunos altibajos dados los desprecios de su madrastra y su condición de segundón en la línea sucesoria. Era en esencia un niño melancólico, amante de las artes y la música. El Conde de Salazar ejerció como su tutor, pero ni él ni su camarilla pudo mejorar su posición en la Corte. El ascenso al trono de su hermano Luis I sí lo hizo durante unos meses, pero a su muerte la Corona no pasó a Fernando sino que volvió al Rey, por insistencia de Isabel de Farnesio, ante las críticas de una nobleza que entendía que una abdicación nunca es reversible. Ese mismo año, 1724, las Cortes de Castilla proclamaron a Fernando Príncipe de Asturias, si bien Farnesio bloqueó su derecho a asistir a las reuniones del Consejo de Estado como heredero del reino.


En enero de 1729, Fernando se casó en Badajoz con Bárbara de Braganza, hija del Rey de Portugal y perteneciente a la dinastía que, en tiempos de los Austrias, se había alzado contra el Imperio español para lograr la independencia del país luso. Al igual que él, la princesa portuguesa era culta, de agradable carácter, dominadora de seis idiomas y gran amante de la música desde niña. Su rostro marcado por la viruela y su figura voluminosa no impedían que los encantos de su personalidad causaran una grata impresión.





Fernando y Bárbara se enamoraron profundamente y vivieron aislados de la Corte durante el reinado de Felipe V por voluntad de la madrastra regia. Cuando en 1733 pudieron residir en Madrid se les impuso un férreo marcaje que incluía la limitación de que solo podían ser visitados por cuatro personas al día, y no podían comer en público ni salir de paseo. Tal vez creía Farnesio que si se le ignoraba Fernando simplemente desaparecería en algún momento dado.



Isabel de Farnesio

No obstante, a la muerte de Felipe V en 1746 la situación se volteó por completo, de modo que Isabel Farnesio tuvo que abandonar las dependencias palaciegas y quedó aislada del mundo político. Un año después Isabel se quejaría de que el cordón sanitario en torno a ella cada vez era más grande: «Desearía saber si he faltado en algo para enmendarlo». A lo que el nuevo Rey, en una muestra de carácter, contestó: «Lo que yo determino en mis reinos no admite consulta de nadie antes de ser ejecutado y obedecido».
Durante los 13 años que duró su reinado, Fernando siguió con el programa de reformas iniciado por su padre. Su apuesta por la neutralidad en Europa ayudó a dar un respiro a las arcas públicas: «Paz con Inglaterra y guerra con nadie», usó a modo de guía política. Además, en esos años se materializó la recuperación económica tras los años de derrumbe de los últimos Austrias y se creó el Catastro para conocer la realidad del país. Solo la reforma fiscal impulsada durante su reinado se topó con el rechazo directo de la nobleza. No obstante, su medida más polémica fue la gran redada contra los gitanos autorizada en el verano de 1749. En un mismo día fueron apresados unos 9.000 gitanos españoles, que fueron sometidos a todo tipo de abusos.
La reforma fiscal impulsada durante su reinado se topó con el rechazo de la nobleza
Así y todo, ningún rey puede dar por acabada su obra hasta que asegura su descendencia, lo cual resultó un fracaso para Fernando puesto que era impotente, como el trastámara Enrique IV o el austria Carlos II.

Una afección genital le impedía eyacular y tener hijos. El asunto no era tan grave, en tanto, que contaba con hermanos todavía jóvenes que podían hacerse con las riendas del país, como así fue a través del futuro Carlos III.
Que su hermano heredara la Corona entraba en sus planes, no así el proceso de demencia que vivió en sus últimos años.

Fallece la Reina y el Rey pierde la cabeza
Si bien los Reyes nunca habían gozado de buena salud, no fue hasta 1758 cuando el deterioro en la salud de la Reina Bárbara de Braganza obligó a la pareja a trasladarse al Palacio de Aranjuez en un intento de que mejoraran sus problemas respiratorios. Lejos de este propósito, ese mismo verano falleció la Reina a consecuencia probablemente de un cáncer abdominal y dejó a Fernando solo, con un comportamiento cada vez más errático. A lo largo de su vida había sufrido varios periodos de inactividad con ánimo deprimido, pero ese verano se aceleró su carácter melancólico. Aquello marcó el principio del conocido como el año sin rey.

Pero, ¿qué enfermedad se escondía tras su locura? ¿Alzheimer? ¿Un trastorno bipolar como su padre? Los acercamientos psiquiátricos al caso han planteado tradicionalmente la hipótesis de que lo que empezó como «un trastorno de adaptación con sintomatología depresiva reactivo a la muerte de su mujer» derivó en un trastorno depresivo mayor. Sin embargo, en una investigación realizada por Santiago Fernández-Menéndez (Hospital Universitario Central de Asturias), José M. González-González (Área Asistencial de Gijón), Víctor Álvarez-Antuña (Área de Historia de la Medicina) Julio Bobes (CIBERSAM), se concluye que el empeoramiento grave de su clínica, la decadencia funcional que eso acarréo, se tiene que explicar por causas que van más allá de una depresión o un trastorno bipolar. «Una demencia rápidamente progresiva cuyos síntomas hayan pasado desapercibidos al coincidir con la agonía y la muerte de la Reina explicaría mejor todo el proceso clínico».
El Alzheimer, barajado por otros autores, resulta improbable para estos investigadores dada «la edad del paciente, la rápida progresión clínica, la ausencia inicial de déficits de la memoria episódica y la gravedad de los síntomas conductuales».
En «La demencia del Rey Fernando VI y el año sin rey», este grupo de investigadores reconstruye el historial clínico del Rey a partir de ese verano. El mismo día que falleció la Reina, sin esperarse al funeral, Fernando se refugiara en el castillo de Villaviciosa de Odón, donde salió a cazar y se mostró contento los primeros días. Sin embargo, a principios de septiembre el Rey empezó a mostrarse agresivo, de ánimo deprimido y surgió en su mente la obsesión por la muerte. Apunta Andrés Piquer, un médico del periodo: «Padecía unos temores sumos, creyendo que cada momento se moría, ya porque se sentía ahogar, ya porque le destrozaban interiormente, ya porque le iba a dar un accidente [...]».
Otros síntomas hicieron aparición en las siguientes semanas: apatía, insomnio, abandono en la higiene personal y en las obligaciones religiosas... Compartiendo algunas extravagancias con su padre, Fernando se empecinó en añadir nuevos disparates a la vida cortesana.

Le dio por morder a la gente y fingir que estaba muerto o era un fantasma. Sus asistentes eran constantemente agredidos y tenían miedo de su propia integridad física. Sobre esto, Andrés Piquer refiere: «Se enfurecía con vehemencia, airándose hasta el punto de ejecutar cosas muy impropias a su bondad y a su carácter». Además de correr o bailar en ropa interior, le gustaba reírse de sus asistentes y se negaba a dormir sobre su cama, de modo que improvisaba cada noche una camilla con dos sillas y un taburete.

El año sin Rey
Y si a Felipe V le calmaba la voz de un castrati, a Fernando VI le relajaba el opio. Nada que sirviera más que para calmarlo, pero no para revertir su situación. Hacia finales de ese año, la vida de Fernando VI parecía llegar a su fin y se dispuso un testamento el 10 de diciembre de 1758 que ni dictó ni firmó, pero al que dijo que estaba de acuerdo cuando le enseñaron las cláusulas dictadas por el Conde de Valparaíso. En los siguientes meses al parecer registró varios intentos de suicidio, uno de ellos al amagar con ahorcarse con las cintas que tenía en la camisa.
Lo retorcido del asunto es que, siendo el Rey, resultaba complicado llevarle la contrario o responder a las agresiones. Desde Italia, el futuro Carlos III pidió con insistencia utilizar «violencia respetuosa» para reducir al enfermo. He aquí la cuestión, sin respuesta aparente, de qué es exactamente la violencia respetuosa ante a un hombre que te acaba de morder la nariz.
No obstante, a partir del nuevo año cada vez fue menos necesaria esta «violencia» porque el Rey quedó encamado y cada vez más débil. A partir de la primavera la demencia afectó a su habla, hasta el extremo de que apenas era capaz de articular un discurso desordenado. Los problemas digestivos y respiratorios aceleraron su deterioro en poco tiempo. En julio se describió la aparición de sangre en los esputos.
A esas alturas, su larga ausencia había inquietado al pueblo hasta el punto de que unos versos satíricos corrían furiosos por Madrid:
«Si el Rey no tiene cura
¿a qué esperáis o qué hacéis?
Muy presto cumplirá un año
Que sin ver a vuestro rey
Os sujetáis a una ley
Hijo de un continuo engaño»
Carlos III
Finalmente Fernando murió el 10 de agosto de 1759 a los 46 añosLa salud del Monarca había alcanzado niveles críticos para entonces, sobre todo a causa de su desnutrición y sus problemas respiratorios. Su hermano Carlos III, hijo de Isabel de Farnesio, herederó el reino. Era el tercer hijo de Felipe V que reinaba en España.


César Cervera@C_Cervera_MActualizado:21/02/2019 20:37h
DIARIO ABC

Crestomatía del Conde Yndiano de Ballabriga



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viernes, 22 de febrero de 2019

Los últimos días de Antonio Machado …












Antonio Pozo Indiano
Hoy se cumplen 80 años de la muerte del autor de 'Campos de Castilla'.


Antonio Machado murió pasadas las tres de la tarde, un Miércoles de Ceniza, el día 22 de febrero de 1939, en la pequeña localidad costera de Colliure, al sur de Francia. Había traído consigo una pequeña cajita de madera con tierra que había recogido antes de cruzar la frontera y una tarde, hablando con la dueña de la pensión que lo acogió a él y a su familia, le dijo:
-Es tierra de España. Si muero en este pueblo, quiero que me entierren con ella.

Su hermano José y su cuñada Matea cumplieron su deseo, y en el ataúd, junto al traje en el que fue amortajado, vertieron la tierra que el poeta había traído consigo. Tres días después murió su madre, doña Ana Ruiz. Y cuando la noticia llegó a España hasta los periódicos de la época  se hicieron eco de la noticia y pontificaron la hondura literaria del autor de Campos de Castilla. Aquellos días, en Londres, el periódico The Times publicó una necrológica donde subrayaba:
"A diferencia de muchos intelectuales, quienes, habiendo abrazado al principio la República, transfirieron poco a poco sus simpatías a los nacionalistas, Machado siguió fiel a la causa republicana hasta el final".
Este viernes 22 de Febrero del 2019  se cumplen 80 años de la muerte del poeta y la ciudad donde nació lo recuerda con una exposición titulada Los Machado vuelven a Sevilla, organizada por la Fundación Unicaja, donde se exhiben los últimos documentos adquiridos por la institución. Los Machado, en realidad, eran tres : Antonio , Manuel y José  .

Cuando supo de su muerte, Manuel estaba en Burgos. De inmediato, en un coche oficial, puso rumbo a Francia y llegó a las exequias. Allí se entera de que su madre también ha muerto. Roto por el dolor, la familia se separa y su hermano José, no volverá jamás a verlo.
De regreso a Madrid, Manuel se encierra en compañía de su esposa Eulalia Cáceres y se sume en un estado de tristeza y escondido sentimiento de culpabilidad que lo acompañará hasta su muerte el 19 de enero de 1947. Ese día su cuerpo es trasladado al vestíbulo de la Real Academia Española y a la mañana siguiente es sepultado en la Almudena con honores de Estado.

En la exposición que inaugura el nuevo centro de la Fundación Unicaja ha abierto en la capital andaluza los documentos expuestos dejan entrever la estrecha relación que Antonio y Manuel mantuvieron a lo largo de su vida, y cómo ese cariño y el compromiso de ambos por la literatura los llevó a escribir obras de teatro juntos. De hecho, en las vitrinas de la muestra está presente la obra titulada La diosa razón, inédita hasta la fecha.
Leer con atención los manuscritos expuestos -una selección de los 4.750 documentos que la Fundación Unicaja custodia y cuyo último lote, disperso entre Madrid, Santiago de Chile y Praga, adquirió el pasado año a los herederos de la familia- es recrear la biografía dispar de ambos. Hay cartas que el autor de Juan de Mairena remite a su madre y donde se transparenta la estrecha relación que mantuvo con ella. Cuando el poeta contrae matrimonio con Leonor Izquierdo en Soria, donde ejercía de profesor de gramática francesa, la joven remite una carta a su suegra contándole sus esfuerzos por recobrar la salud. Leonor muere como el olmo seco que hay a las puertas de aquel cementerio, y su esposo, sumido en la desesperación, se recluye en Baeza donde confía a Unamuno el desierto espiritual en el que se halla.

Pasan los años, se editan sus poemarios y escribe junto a su hermano Manuel. De todos esos periodos la exposición está llena de datos y anécdotas, como aquellas cartas con Guiomar, entre Madrid y Segovia, donde ambos se confiesan su amor. Pero la vida de don Antonio parecía predestinada a la frustración. No queda a la vista, pero hay en la exposición un sentimiento de dolor que es difícil disimular.
Esa premonición de fracaso se transparenta en el verso alejandrino que su hermano José encontró en el viejo gabán del poeta muerto en el exilio. En un trozo de papel arrugado don Antonio había escrito: "Estos días azules y este sol de la infancia".


MANUEL MATEO PÉREZ

22 FEB. 2019 11:54
DIARIO EL MUNDO
CRESTOMATIA DEL CONDE YNDIANO DE BALLABRIGA





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